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miércoles, 28 de agosto de 2013

Duplas inolvidables director - actor. Entrega XVII: Jim Sheridan y Daniel Day Lewis


Hablar de Daniel Day Lewis como un gran actor cae en la obviedad. Nadie necesita que le remarquen que el único actor en ganar el Óscar tres veces en la categoría de mejor actor (Nicholson tiene tres pero uno es de reparto) en la historia es un groso. Lo sabemos, sin embargo muchas veces creo que me faltan palabras para expresar todo lo que genera en pantalla que es muy distinto a lo bien o mal que actúe. Sin dejar un milímetro para nadie mas, cuando el esta en pantalla no necesita hacer demasiados gestos para robarte la atención porque el hombre, en ese momento, ES a quien representa.

Conocido actor de método, nos hizo reír a todos cuando acepto el Óscar por Lincoln y en su discurso de aceptación dijo que su mujer había convivido con varios tipos muy raros en los últimos 16 años haciendo alusión al método y lo que significa sumergirse en cada rol que interpreta. Y, si bien ha trabajado con casi todos los pesos pesados del séptimo arte, pocos han logrado crear el ambiente al altura de su interpretación como Sheridan.


Jim ha hecho pocos films, pero son contundentes. Con el simple hecho de ver el tiempo que se toma entre proyecto y proyecto, ya sabemos que no es alguien que se meta sin pensar. Mastica, crea su Irlanda adorada en los tiempos turbulentos y hace esas historias cercanas. No hay una peli que dirija en la que no este metido en sus letras y el resultado esta a la vista.

Con ustedes, sin dudas, una de las duplas más inolvidables.

La primera película que hicieron juntos fue Mi Pie Izquierdo en 1989. Maravillosa cinta en la que uno ve el drama pero siempre con una cuota de optimismo mientras cuenta la historia de Christy Brown, un artista y escritor que debido a una parálisis cerebral cuando nació, la única parte del cuerpo que puede mover a su antojo es su pie izquierdo. Ahí donde el escenario parece terrible, termina demostrando que él tiene participación en su familia y en la vida en general. Sufre, ama, patea penales, como cualquier persona. Y creo que es ese ambiente cotidiano y cercano que Sheridan se empeña en mantener lo que hace tan brillante al film.

Day Lewis obtuvo su primer Óscar con esta película y las razones están a la vista. Físicamente lo que logra es increíble, su forma de hablar, sus tics, llegar a ser prácticamente un contorsionista sin perder nunca la línea es realmente admirable. Sigo sosteniendo que sin el ambiente, seria una película gris. Los colores son todos de Sheridan.


En 1992 vuelven a trabajar juntos en la archi conocida En El nombre del padre. Es una de mis películas favoritas por más que se que es la menos brillante de las tres en las que participaron, pero tiene eso hipnótico que no puede no engancharte.


Para empezar, Sheridan también participó en este caso en el guion, adaptándolo del libro de Gerry Conlon y, movilizado por esta gran historia, vuelve a presentar la crítica del manejo de los británicos con el IRA y con Irlanda. Aquí no hay santos, pero hay víctimas y esa es una de las ideas más poderosas que presenta.

Day Lewis interpreta a este personaje en un arco de tiempo de 15 años y con el cambio enorme de saberse preso siendo inocente más el hecho de ser testigo de cómo su propia familia cae en las redes de un sistema que solo necesita cabezas que culpar. Brillantes momentos en los que no habla y después se desarma de a poco frente a nosotros o cómo pasa de ser un ladroncito de poca monta a comprometerse con una verdadera causa. Mientras tanto, de las paredes de su celda se borran el Che y Hendrix y las deja desnudas cual si fuera un monje, él ahora tiene una causa.

Gran película, enorme banda sonora a cargo de Bono y funciona como un reloj. Sheridan nos muestra que la estructura del cine clásico la domina perfectamente y todas las veces toca la fibra más íntima que puede. Nadie es inmune.

El último trabajo que hicieron juntos fue en 1997 con The Boxer. Es tal vez la menos conocida de las tres, pero es una verdadera injusticia si consideramos la calidad con la que está hecha.


Nuevamente en el ambiente de Belfast, nos muestra lo que sucede cuando el que fue culpado y preso por crímenes con el IRA, lo que es reencontrarse con el espacio y reintegrarse. El personaje principal, interpretado por Daniel, sueña con poner un gimnasio de boxeadores para entrenar a los nuevos talentos, pero en el medio los restos de su antigua vida y sus antiguas acciones vienen a asechar su supuesta nueva estabilidad.

Si bien desde el guión cae en muchos simplismos como el hecho de que él sea el tipo de los valores inamovibles que solo ha tenido mala suerte y mal genio, también es cierto que en este caso apela no sólo a que no es inocente y que el personaje no es que ha caído en desgracia injustamente sino que se la buscó; ayuda mucho el sentido de que él mismo lo ve como un aprendizaje y como una forma de alejarse de lo que antes le hubiera parecido orgánico y lógico. Otra cosa que ayuda a la construcción del personaje y que está apoyada en la mano de Sheridan es que Danny no renuncia a lo que cree que es justo sino que se comporta de una manera para sobrevivir pero lo que es justo es justo. Y punto. No es que por ir a la cárcel todos vendemos lo que creemos. Las ideas no se pierden por encerrarse.

Otra cosa que me interesa mucho es que toma al boxeo como metáfora de la lucha reglada y eso también funciona como una declaración del director sobre lo que el cree que pasa. Necesitan dejar de luchar de esa forma, hay que respetar limites para poder construir y eso es mucho más importante.

Creo que uno de los aspectos que más me gusta es que se trata de abandonar las trincheras y aprender a vivir de nuevo…

¿Cuál es tu favorita de este trío que hizo esta dupla?

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