El cine es un espacio de identificación, de educación, de industria y de arte. Y todo eso, está dentro de este blog.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Historias de Buenos Aires 6: Cuando creemos que vivimos en una película

No es secreto para nadie que amo el cine. Asumo que los que están del otro lado lo aman o al menos me tienen aprecio a mí (¡Hola, mami!) pero hay una delgada línea con la que todos los cinéfilos coqueteamos y es con trasladar esas historias a la vida real. Sí, todos creemos que sería maravilloso que alguna vez nos persigan al aeropuerto, estar presentes cuando alguien pide a gritos un médico en la sala o ser el héroe improbable frente a alguna situación adversa (si fuera peli de mi amado tío Steven, sería un encuentro con aliens o con nazis).

Siempre una buena historia me transmite a un mágico lugar. A veces ese lugar no es feliz, pero es otro que el real. Ahí donde muchos necesitan narcóticos, yo me encierro en el sillón de casa con un libro o DVD, o en una sala a oscuras con el taca taca taca del proyector como primera banda sonora. Pero la historia que les voy a contar demuestra los daños colaterales a los que todo cinéfilo está expuesto.


Soy de esas personas (incomprensibles para la gran mayoría) que ama los musicales. De repente la lógica de que todos se sepan la coreo y el tema, me parece genial y una vez creí que eso se podía llevar a la vida real. Grave error.

Con un amigo, fuimos a un seminario en esta hermosa ciudad para hacer una puesta de Rent, obra que amo profundamente. Cuestión que cuando llega la ronda de audiciones (soy una cantante de ducha y a veces ni ella quiere escucharme), me tiro a la pileta y hago la audición para el papel Maureen (jugando que, como es secundario, tenía "más chances" que para el de Mimi). En pleno acto, entré a sentirme poseída por el papel y el dueto me llevó a ser la diva exagerada que siempre me divirtió pensar que podía ser. La conclusión fue tremenda: no sólo que necesitaba dos subtes para llegar al tono de la canción, sino que también mi actuación tenía "buenas intenciones" pero hasta ahí llegaba. PD: uno de los papelones más importantes de mi vida, pero pocos más liberadores.


Esto me hizo acordar al personaje de Sandy en Mi novia Polly, que va con toda su soberbia a un musical de barrio a imponerse como si realmente fuera un profesional o si pudiera defender el papel. Es que en la lógica del cine, esto hubiera sido real. Y él también se dejó llevar por esa fantasía. 


¿Qué grandes papelones quieren compartir conmigo? ¿Qué película harían "real"? Sean cinéfilos responsables y déjenlo para las fiestas de disfraces. Las pelis deberían venir con un cartel de "no intente esto en su casa". Que tengan un buen fin de semana.

8 comentarios:

  1. Bueno, de chicos todos nos creíamos los Bicivoladores...

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    1. La gravedad siempre fue nuestra archi enemiga!

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  2. Yo siempre querré zapatear con un paraguas bajo la lluvia y colgarme de los postes de luz. El canto te lo debo...

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  3. Listo si algo te faltaba era ser fanática de los musicales, quizás ya lo habías comentado pero como no hace mucho que te leo recién me entero.
    Aquí hay otro fan q se tatua letras de canciones de musicales.. (muy poco yakuza de mi parte) pero tu experiencia me hace acordar a la genial SUPERSTAR! lastima q no creo que tu abuela sea Debbie Reynolds.
    Mi experiencia es q a los 17 años audicione con todos mis compañeros de teatro para un musical de tarzan que iba a hacer un grupo en el municipio, claramente como para tarzan no me daba, me lance a hacer de Tantor, el resultado aunque gracioso fue paupérrimo, no quede ni como árbol 2 ni liana 4..pero algún día disney sabrá que se esta perdiendo un gran Lebeuf

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    1. No saben lo triste que es frustrarnos. Se han perdido dos talentosos y pasionales actores...ya te lo digo

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  4. Hola Patricia,muy interesnte tu propuesta.Yo solamente te dire que cuando sali del cine después de ver Quien engaño a Roger Rabbit YO era Jessica!Saludos y, como siempre ,muy buen post

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    1. me hubiera encantado creerme Jessica. Yo siempre creí que me voy a morir como las comadrejas, porque cuando me agarran mis poco estéticos ataques de risa...son tremendos: me pongo toda roja, me quedo sin aire entonces paso de un cacareo a retorcerme en mute y llorar en dos segundos. No es un buen espectáculo, te lo puedo asegurar.

      Gracias por comentar!!!

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